Zona: Chamberí - Cocina: Árabe

Una nueva propuesta gastronómica, única en la capital, entra en la escena madrileña al son de la danza de los siete velos.
Un restaurante cuya carta ofrece las mejores recetas árabes, con una marcada base marroquí e influida por las diferentes culturas culinarias mediterráneas: libanesa, siria, saudí. Es la cocina de Las mil y una noches, uno de los más maravillosos textos entre cuyas líneas se puede leer que, en realidad, la “gastronomía” la inventaron los árabes.
La decoración del local, muy arabesca, en tonos azul añil, marrón y verde, transporta a los clientes al ambiente de Rabat, Fez, Marrakech o Casablanca. El restaurante se viste con todo tipo de materiales y elementos traídos directamente de estas ciudades: mosaicos y hierros forjados en las mesas, sillas estilo bereber, variadas texturas de telas en los sillones y sedas en los cortinajes, lámparas típicas marroquíes, tradicionales velas... incluso los uniformes de los camareros, se convierten en una reminiscencia a estas culturas ricas en colores y formas consiguiendo un ambiente diferente, relajado y distendido.
En la cocina de Mosaiq se encuentran cocineros árabes procedentes de Dubai y Londres con experiencia en hoteles de cinco estrellas. La carta de platos es sencilla, explicativa y organizada en diferentes apartados.

Para comenzar, unos entrantes fríos como Hommos (crema de garbanzos aderezada con aceite de sésamo y zumo de limón) o Tabbouleh (tomate, cebolla, hierbabuena y perejil picados con sémola de trigo); o también calientes como Falafel (pastelitos de lentejas y verduras variadas) o Kibbe (croquetas de cordero picado mezclados con sémola de trigo y especias).
También se puede optar por un variado surtido de aperitivos. Entre los platos fuertes destacan Kafta (brocheta de cordero picado en especias), couscus de verduras (sémola de trigo con verduras variadas) y el delicioso Tagine de pollo (con aceitunas, cebolla y limón) o de cordero (con ciruelas). La carta incluye referencias más mediterráneas como la dorada, el solomillo de ternera y las hamburguesitas de pollo, ligeramente condimentados para aquellos que no se atrevan con las recetas más exóticas.
Para acompañar, arroz con pasas y piñones o pan de pita (que es el pan típico). Y para terminar, un surtido de pasteles árabes. Mosaiq dispone de una carta de vinos blancos y tintos españoles además de las típicas cervezas y tés marroquíes.

Mosaiq se divide en tres salas perfectamente diferenciadas. Además del comedor principal en la planta superior, dispone de un patio interior, con una terraza con palmeras traídas de Marruecos y decorado con fuentes y velas que por la noche se encienden para iluminar un ambiente íntimo bajo el arrullo del sonido del agua.
Todo un lujo gastronómico y decorativo. Pero la gran apuesta de Mosaiq es el Snack-Lounge. Se trata de un espacio independiente situado en la planta baja con un horario de apertura más amplio que el restaurante (fines de semana). Mesas doradas con forma de bandeja, sillones, sillas bajas y “pufs” típicos, sedas que visten las paredes, auténticas alfombras árabes en un entorno informal donde tomarse una cerveza marroquí como aperitivo antes del almuerzo o degustar un te verde o una copa después de cenar, admirando la bailarina que se mueve al ritmo de la suave música árabe.
El sueño de sentirse transportado a otro mundo se cumple cuando el cliente se anima a fumar en una de las “narguiles” típicas de la cultura árabe.
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